sábado, 17 de mayo de 2014

Querer poner diques al mar.


Hoy es el Día Mundial de Internet, un día que llega en medio de un debate abierto sobre lo que se publica y se deja de publicar en las redes sociales. Los deplorables comentarios de mofa que pudieron verse en Twitter tras el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, encendieron las alarmas del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, quien no tardó en afirmar ante las cámaras que su departamento se dedicaría a investigar la "incitación al odio" y las "injurias" en twitter con la finalidad de "limpiar de esos indeseables las redes sociales".

Ordenar a la Guardia Civil que persiga a quienes hacen comentarios ofensivos en Twitter es exactamente lo mismo que ordenar a las fuerzas de seguridad que tengan a un agente presente en todas y cada una de las mesas de todos y cada uno de los bares de nuestro país, en los que se reúnen cada domingo los parroquianos para arreglar el mundo. Pues eso es precisamente esta red social: el lugar de reunión en el que los internautas "arreglan el mundo".

Igual que si sentados en ese bar hay alguien que nos insulta, nos calumnia o nos agrede tenemos la opción de acudir a la comisaría y denunciar al individuo en cuestión, existen a día de hoy medidas para denunciar un comentario ofensivo en las redes sociales. Además, tenemos en nuestro país un Código Penal que tipifica aquellas actitudes o comentarios que son susceptibles de ser consideradas como delito. Y ni Internet es tan anónimo ni es difícil localizar a quien comete delitos en la red. De hecho, lo complicado en la red es actuar sin dejar rastro alguno.

Es decir, las reglas del juego están claras. Eso sí, son las reglas de juego del siglo XXI, que es en el que vivimos. Censurar la red es vivir anclado en el pasado, es tener miedo a la libertad de expresión, es querer poner diques al mar. 

viernes, 16 de mayo de 2014

¡Unga unga!

Miguel Arias Cañete
Hay declaraciones que deberían suponer un cese fulminante y sin diferidos que valgan, sin embargo auguro que la nueva perla que nos deja uno de nuestros representantes no va a ir más allá de ser trending topic en Twitter unas cuantas horas. Y luego nada, seguirá sin más su camino electoral. Impunidad absoluta es de la que gozan quienes se supone que nos representan, quienes, como Miguel Arias Cañete,  pretenden que les concedamos nuestro voto para irse al Parlamento Europeo a cobrar 8.000 euros al mes y viajar en primera.

Apenas unas horas después de ofrecernos un teatrillo autogestionado como debate electoral, ha llegado el momento de las valoraciones. Ante la temida pregunta “¿cómo valora usted el debate de anoche?”, Cañete ha ofrecido textualmente las siguientes explicaciones: “No fui yo mismo. Si soy yo mismo me temo, porque entraría a matar. El debate entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual parece que eres un machista que está acorralando a una mujer indefensa”.

Huelga decir que la reacción de la supuesta mujer indefensa, Elena Valenciano, ha sido más que previsible: aprovechar esta declaración para decir la manida frase: “si ganan ellos perdemos todas las mujeres”. Demasiadas palabras y demasiada saliva (ui, he dicho saliva, Cañete?) invertidas en responder unas declaraciones que no merecen más que un despido inmediato, un vacío absoluto en las urnas y una vuelta a las cavernas de quien no debió salir nunca de ellas.

Las de Cañete son unas declaraciones propias de Atapuerca, un ejemplo de machismo desbordante, de androcentrismo casposo, o lo que es lo mismo, y para que Cañete lo entienda: “¡Unga unga!”.